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El susto y el mal de ojo

en la medicina nativa del NOA

La necesidad de curar del hombre, es tan antigua como el hombre.

Elsusto”, el “mal de ojo” y “la enfermedad de la tierra” son, entre otras, algunas de las enfermedades más comunes tratadas por los sanadores nativos del noroeste argentino.

Las características más frecuentes en el origen de las enfermedades están representadas por la concepción del cuerpo extraño, la pérdida del ánimo, la magia simpática y el romper con preceptos ancestrales.

La medicina popular del noroeste argentino, según relata Pérez de Nucci, es el resultado de siglos de experiencia cotidiana, superstición y magia, en una región de curadores que ya tenía prestigio propio desde antes de la época incaica. Continúa la rica herencia de los kallawaya, originarios de Bolivia, que traían ya conocimientos sobre enfermedades y curaciones.

Los kallawaya son uno de los tantos pueblos que creen que la salud y la enfermedad tienen como base la unión del cuerpo y el alma. Su fama de curanderos y comerciantes de hierbas medicinales se mantiene hasta el presente. A este grupo debe agregarse la medicina popular mestiza, que se desarrolló durante la colonia y que fue teniendo diversos cambios y transformaciones.

La comprensión y aceptación del universo mágico del NOA, en el que el curador juega un papel esencial para los habitantes de esta región; con la cual mantiene una profunda comunión y participa de su concepción animista, espiritualizada y sobrenatural del mundo.

Practican un sistema médico folklórico ajeno al pensamiento científico que busca explicaciones a problemas de la enfermedad que se escapan de la comprensión racional pero que son reales y abordadas desde diferentes perspectivas.

El trabajo del hechicero indígena, como la del curador actual, se nos aparece como el arte de influir sobre los espíritus, disciplinándolos y serenándolos para obtener de esta manera la curación de la enfermedad. En el proceso de sanación se deposita la esperanza en la salud, la salvación o el morir pacificado.

El susto: Representa la creencia popular de un espíritu o “ánimo”que se aleja involuntariamente del cuerpo, capaz de alejarse de éste sin que ello signifique la muerte del sujeto, que en cambio queda “desanimado”. Reúne síntomas como debilidad, decaimiento, sudores, fiebre, dificultad en conciliar el sueño, etc.

Sería una “enfermedad nerviosa causada por una fuerte impresión”. (1)

Me he empezao a sentir desvanecido, sin fuerzas, no siento el cuerpo, tengo nidos en la cabeza, que no me dejan dormir de noche...”

Para poder curar el susto es necesario que el afectado por la enfermedad recupere primero el alma, que sólo puede hacerse de noche, antes que la persona se despierte y recobre la conciencia.

El que tiene la habilidad para curar explica que para sanar el susto hay que saber dónde se ha asustado la criatura...”se lo prepara con una ropita, se lo llama y adentro encerrado se prepara brasita, se prepara sahumo y se le pone una cruz para acá y para allá,...se pone ese yuyito en la palma bendita y se le hace y se le da un té y se lo hace dormir y eso es todo.”

El mal de ojo: La “ojeadura” o “mal de ojo” responde siempre a la mirada de una persona. También al mal deseo es expresado a través de la mirada.

Hay gente que no le desea bien a uno, le dice “ojalá que le suceda tal cosa “ y entonces, el hombre se enferma y es igual que el mal de ojo pero distinto porque se desea el mal.”

El deseo, la envidia, la admiración son loe elementos presentes asociados a la mirada y a través de ellos entra en el cuerpo de la criatura la enfermedad.

Incluye síntomas tan variados como el dasasosiego, el desgano, llanto rebelde, vómitos, anorexia, movimientos anormales de la cabeza y “abertura” en ésta, entre otros.

Igual que en otras culturas (China, Japón, Italia,etc.) nuestros indígenas creen que los objetos o prendas de color rojo ahuyentan a los malos espíritus y devuelve la salud.

La curación, que en la mayoría de los casos corresponde al sexo femenino, consiste en varios movimientos, uno de los cuales consiste en usar agua y aceite como elementos rituales.

De esta manera la curadora pide el nombre de la persona enferma utiliza el aceite, y hace otras cosas en secreto y lo pasa en cruz en la frente del afectado. Se debe rezar el credo mientras se lo está curando y se lo cura tres días. “Yo tengo el rezo que hay que decir pero el rezo no se lo puedo decir yo porque según mi creencia si yo se le digo a usted yo dejo de curar, pierdo el poder de curar....” (2)

La curación se pone de manifiesto por la cesación de los síntomas atribuibles al “mal de ojo” , cosa que sucede a menudo sin ninguna explicación médica.

Pérez de Nucci, La medicina tradicional del noroeste argentino, Editorial del Sol, Buenos Aires, 2005.

(1) Pérez de Nucci, La medicina tradicional del Noroeste Argentino, ediciones del sol, Buenos Aires, 2005, p. 15

(2) ídem. p. 90.