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La Pachamama

La Pachamama es hoy la madre de los cerros y los hombres. La que madura los frutos y multiplica el ganado, pudiendo conjurar heladas y plagas y dar suerte en la caza. Es por eso frecuente invocarla antes de acometer cualquier empresa agropecuaria o cinegética. Se la invoca también cuando sobrevienen ciertas enfermedades o se está de viaje, para no apunarse ni rezagarse en el camino. Ayuda incluso a las tejedoras y alfareros a concluir bien sus obras artesanales.

Se la describe como una india de muy baja estatura, cabezona y de grandes pies, que lleva sombrero alón y calza enormes ojotas. Vive en los cerros y a menudo la acompaña un perro negro y muy bravo.

Es celosa, rencorosa y vengativa, pero si alguien le cae en gracia lo favorece. Cuando se enoja, manda el trueno y la tormenta.

Interviene en todos los actos de la vida y no hay dios que no le obedezca. Se aparece con frecuencia a los paisanos para preguntarles qué andan haciendo por los cerros. A otros los visita en sus chozas para agradecerles lo bien que han cuidado de su hacienda o el no haber matado a las crías de los guanacos.

Toda la naturaleza es su templo. pero las apachetas configuran los centros principales de su culto.

Son montones de piedras que construyen arrieros y viajeros a orillas del camino o en las encrucijadas, casi siempre en las cumbres. Allí se depositan las ofrendas, que consisten en coca o llicta, el acullico, chicha u otra bebida fermentada. Pero puede propiciársela en cualquier parte, dándole de beber, comer o fumar. Lo más común es volcar un poco de chicha en la tierra antes de tomar, aclarando que es para ella, o depositar la ofrenda en un hoyo abierto en la tierra. Tal ceremonia se denomina "la Corpachada", y se realiza especialmente el 1º de agosto, que es su día.

Colombres, Adolfo
Seres sobrenaturales de la cultura popular argentina,
Ediciones del Sol, Biblioteca de cultura popular, Buenos Aires, 2005