Ser digno de ser
Tan vieja como el hambre, la hambruna.
Tan futura como la sed, la vida. Tan ilusionante como el amor.
Tan claro, frente a la negra muerte, como una promesa divina esos pies descalzos. Esos negros pies descalzos.
¿Pero por qué negra la muerte y no blanca? ¿y por qué clara, y no opaca u opacante, una promesa divina?
Estos interrogantes, se encarnan en un hermoso negrito, no para ser vendido como esclavo sino para seguir una ruta similar a la de Moisés en su canasta.(digo arrancado por las circunstancias que hicieron que su madre prefiriera perderlo, para salvarlo).
Tan, tan, tan, aquí no hubo tambores para resaltar la africanitud.
Tan
Ni cruza de Salomón con la reina de Saba, ni siquiera de australopitecus con Cromagnon: ........
Sólo un par de pies, de negros y frescos pies, que se aferran a la gramilla, a la tierra, a la raíz de una identidad africana para no cambiar, para no ser algo que su amor, su añorado amor que le diera su ser, ya no pueda re-cono-cer.
Anudado en su transplante, a las raíces de lazos sociales incipientes, pero intensos-todo es encomiablemente intenso en la película.
Todo niño como también cualquier adulto y para ser absolutamente radical todo objeto animado, es un ser que debe realizarse, a pesar que esta imbécil cultura amenace con aniquilarlo todo, a pesar de los propios balbuceos e impotencias del ser para ir encontrando el camino hacia la realización de su propia verdad.
Este niño, como África quedo, asolado, desvastado, desinsertado, pero allí en sus pies, en aquello de lo que estamos dotados naturalmente, para erguirnos, sobre nuestras plantas e intentar emprender el camino. Un camino de vuelta pero de realización improbable, que implicaría quizá la muerte...
Pero los humanos tenemos un apéndice mas largo que piernas y brazos, una joya que nos fue trasmitida, aprehendida y tenazmente reaprendida que es la palabra. y fue a través de las palabras retransmitidas por aquel humilde rabino negro, como pudo mantener el vital contacto con su madre.
Es a través de la palabra que se van tornando claras, las cosas claras: que lo único importante es no solo la vida propia sino la ajena y el agua y la tierra, son de todos.
Y no la oscuridad, la mediocridad de la guerra, de aquellos que no saben compartir, de la discriminación creciente en Medio Oriente y en el planeta.
Es con sus palabras, como genera, el amor de su hermosa, palpitante y púrpura sabra.
La palabra, no cualquiera, no la del embuste, sino la que se asume como mediadora de la verdad, es de una función, pacificadora y comunicante, como pocas. Es la que le facilita, no sólo la mediación con el otro, sino que simultáneamente, es la que le permite la revelación de su camino, de su ser como digno de ser.
En definitiva es esta una película, no solamente digna de ver, sino de sentir, oler, beber, respirar, y por supuesto oír.

