Omar Pacheco
Necesitamos un mundo interno, una metáfora importante en nuestras vidas, un silencio interior, para poder trascendernos.
El Grupo Teatro Libre, dirigido por Omar Pacheco, a 25 años de su fundación reestrenará La cuna vacía, el 4 de octubre, en su teatro La otra orilla. Mientras preparan el festejo por el aniversario de la creación del grupo, representan Del otro lado del mar para el VI festival internacional de Buenos Aires.
Omar Pacheco, director de la Trilogía del horror –Memoria, Cinco puertas y Cautiverio- tiene una intensa sensibilidad y conciencia social que lo hacen elegir ser responsable del tiempo y el espacio que le toca vivir.
Sostiene la necesidad de luchar contra nuestras propias miserias y cree en la capacidad de modificarnos a través de la acción y de un trabajo continuo de introspección y descontaminación.
Las palabras no alcanzan para captar la esencia de su obra, como si con ellas se perdieran ciertos gestos o se deshiciera -con las contradicciones propias de todo hablante- lo que expresa el cuerpo.
Sólo se puede captar de a sorbos la magia de su trabajo. La entrevista me obliga a desviar la atención, a perder el foco, a salir del trance que me ofrecen el encanto de su arte y de su humanidad trascendente. Su pensamiento sólo se lo puede aprehender y sentir mejor a través de su teatro y de su poesía.
¿Estás consciente de haber generado una ruptura, una nueva forma de hacer teatro?
Soy consciente de haber generado una ruptura cuando empecé a investigar e ir de la antropología a la psicología y de allí al teatro, a la danza y la música. Era difícil una búsqueda antropológica del trabajo, donde se forzara la realidad al límite. Sabía que me iba a costar trabajar con otros, la gente quiere todo a mano, todo cocinado.
Traje un método que te mete en la contradicción enorme de elección de vida, de estética del teatro; un cambio violento en el cual lo tomas o lo dejas. No podés estar a mitad de camino. Y acá se está mucho a mitad de camino; y la vida no es a medias.
¿Puede un actor comprometerse con tu estética y a la vez elegir otras formas de representación?
Es bastante contradictorio, ahí es donde yo no creo. Y está bien, si puede vivir así que lo haga; yo no puedo vivir así: el tema mío es un problema mío. Ahora, son tremendas las contradicciones que uno vive cuando toca la excelencia en un lugar que uno no sabía que habitaba en uno. Ese instante sagrado es en el que decís: las cosas son de esta manera en la vida porque así vibro y soy total. Casi no reconozco esta sensación. Es lo más puro que he vivido. Allí está la diferencia entre el actor y el artista; entre el ser humano social, que se reconoce con el otro, cotidiano, común, pequeño, vulgar.
¿No hay un hacerse cargo, no hay un compromiso?
Es que la vida misma te lleva a eso. Cuando en algún momento algo te conmueve de tal manera que te has sentido modificado, que más allá de vos algo te pasó -un encuentro con una mujer, una obra de teatro, lo que sea-, algo te cambió. Uno puede negarlo, pero las cosas más importantes son chiquitas. Uno vive de esas cosas chiquitas, mientras otra gente se plantea cosas muy grandes.
¿Cómo es el método de trabajo del G.T.L? ¿A dónde quiere llegar la propuesta?
No puedo encontrar una síntesis de algo tan profundo y tan esencial como lo que yo creo que es la propuesta de trabajo. A veces uno no encuentra representatividad en las palabras, encuentra un recorrido de revisión de los hechos que hizo: si fue coherente, por qué tomó este camino.
Lo que yo hago se llama introducción a la destrucción de esquemas previos; que es el cambio de todo que traes vos enquistado y no te das cuenta.
Larguísimo es el camino de descender e ir hacia atrás a recuperarse. Primero es sentir, encontrarse con el yo real, no con el aparente. Hacerse cargo del otro al que olvidamos y que está en nosotros: habita, es y está ahí.
Entonces vos no decís nada, pero estás trabajando zonas profundas y no zonas normales. Es como si para llegar a determinados niveles necesitaras captar la dificultad para destrabarla, para que sienta y sepa que puede. Hasta ahora la sociedad, la familia, el colegio, etc., le dijeron que no podía; y empezó a ser un repetidor de cosas: aprender de memoria, tener determinados hábitos. Yo todo eso lo destruyo.
Él tiene algo que desconoce de él, y uno puede percibirlo o no.
Vas depurando, descontaminándolo, buscando su neutralidad, recomponiendo áreas que sabía que tenía pérdidas. Así se siente más seguro, cree más en sí mismo, no tiene una influencia negativa del afuera, que lo mira como distante a él sin sentirse invadido, él está con una cuestión interna muy profunda, muy metido en su adentro.
Para eso hacen falta un acto de voluntad, mucha perseverancia, una constancia y una ideología muy particular, un grupo que te acompañe porque solo no se hace nada; y sentir que eso es lo más puro y esencial del laburo. Después se empieza a contaminar, la gente agarra por atajos y se miente.
En el contexto social en el que vivimos es muy difícil vivir practicando esta propuesta de trabajo, porque en esta propuesta no es que vas a un teatro y haces teatro de esta manera. Invariablemente hay cosas que te hacen vivir de este modo.
¿No importa la mirada del afuera?
Claro, no querés agradar. Si no no hacés nada diferente. Cuando hablás de ruptura no trabajas para la gente que viene a buscar algo cotidiano -que no es lo que yo quiero darles- sino que les querés dar lo mejor tuyo, y lo mejor tuyo, muchas veces, está lejos de la necesidad de la gente.
¿Cómo cambio tu mirada en el transcurso de los años?
Los sueños eran sueños mucho más compartidos que ahora. En la actualidad hay una disgregación y el mundo va a contrapelo, por lo menos, de cómo vivo y pienso yo. La edad y el proyecto del país tienen que ver, y la sensación de estar más juntos y ser más solidarios estaba mucho más a flor de piel en los años ´70.
Entonces no es quedarse tozuda y obstinadamente pensando y siendo el mismo tipo siempre; es tratar de ir modificándose uno, mejorando, aprendiendo, sintiendo que uno se equivoca; creciendo y reflexionando sobre lo que uno hace, y sobre el otro también. Creo mucho en la acción. Lo que a mi me mueve constantemente, siempre, es la injusticia; luchar contra esa basura que todos tenemos adentro. A veces uno también comete actos de injusticia sin darse cuenta. Algunos la justifican de tal manera que terminan creyéndoselas, entonces yo no quiero creerme lo que hago mal, o justificar lo que no puedo hacer. Hay que pelear contra las miserias que tiene cada ser humano, que son tremendas y muchas.
Está la sensación de sentir que uno ha aprendido poco en la vida, que no claudicó, volver a creer en el hombre. El artista sufre la ambigüedad y apuesta a lo que lo moviliza, no establece intelectualmente la relación con el mundo.
Si alguien quiere estudiar con vos ¿en qué te fijás?
Mido básicamente por mi percepción la pasión y las ganas; a mi me alcanza con sus ganas y con su pasión. No me interesa que tenga mucha técnica adquirida, no me interesa que me venga a mostrar lo que sabe. Si bien conmigo hay técnica y mucha, al principio no es así. Es importante que sepa que va a hacer algo completamente distinto a lo que conoce; y si tiene algún antecedente mío, muchísimo mejor.
Si primero no están los contenidos no puedo ir a lo técnico. No puedo dar un taller y sin ver cuál es el desequilibrio, la disciplina que hay que tener para poder trabajar todo el tiempo y sistematizarla.
¿La disciplina en qué?
Primero, es la aceptación del tipo de trabajo que está haciendo. Si no tenés un mundo interno, un silencio interior, una metáfora importante en tu vida para poder trascenderte, no tiene sentido que vengas acá.
Lo que me hace un orientador es poder tener una lectura rápida de eso, porque estoy muy entrenado, y conectarme con otra zona de la gente, no con lo que se ve por fuera.
No sé si lo que yo hago es actuación. Yo, por ejemplo, empiezo a trabajar en el espacio: veo caminar a alguien en el espacio y me doy cuenta si es libre para caminar, si tiene disfuncionalidades, etc. Si no es libre le explicaré que se está ocultando a través de una postura, que no le sirve para nada. Entonces hay un diagnóstico corporal que tiene que ver con la exposición, con creer en uno; entonces va a sentarse de una determinada manera donde se oculte, caminará para ocultarse y también participará así del grupo.
La disciplina también consistirá en lo que calla o en lo que habla el orientador. Cuando decide hablar grupal o individualmente; o no decir nada y trabajar desde un lugar preconsciente o inconsciente, para que él supere la dificultad sin darse cuenta de cómo se va transformando. -Realizo un análisis muy puntual, subjetivo y estrictamente individual. Cada uno trae cosas, a veces comunes, muy groseras, que todo el mundo las tiene. Por ejemplo una forma de integrarse a un grupo, o estereotipos: el tipo que encanta porque es simpático y desde ese lugar está ocultando otra cosa. Pero hay algo más, que es mucho más importante como lectura de la dificultad, que es lo que no manifiesta. Cuando él está manifestando algo yo lo miro porque estoy viendo otra cosa, entonces alguno me mira extraño porque yo no estoy conectado con la cosa formal y exterior, sino con otra cosa.
Hay un ser humano que está intentando una búsqueda, al que no se le abrió un camino, un lugar posible. Uno siente que por ahí puede acompañar ese proceso, darle una contención, darle un espacio físico, un grupo referente que lo contenga y lo ayude; que simplemente forzando sus límites, tiene el lugar que por ahí a veces ninguno encuentra, ni siquiera en la vida.
En otros casos pasan los años y se da cuenta, cuando pasó mucho tiempo, que se olvidó de él, que podría haber crecido por otro lugar. Muchos se han ido y han vuelto a mi grupo.
¿Y qué es lo que tuviste que vencer contra vos mismo mientras te entrenabas?
Es la impotencia de una sociedad que atenta contra todo, que no colabora en ningún plano con todo esto. Que tampoco hay microclimas, especie de lugares donde uno puede nutrirse y decir este lugar es posible. Entonces uno cuida mucho el lugar que habita para poder producir, para mi el lugar que habito es el lugar donde genero mi trabajo, mi creación.
Yo soy un apasionado, cuando hago algo, creo en eso, lo hago seriamente y voy al fondo. Siento que la mayoría de la gente no. Hay quien sí, que pone su pasión para enfrentar sus límites e ir más allá de y plantearse eso, que la vida es eso. Pero cuando ves que alguien tiene un muy buen discurso pero lo ves en su realidad y en sus acciones cotidianas que poco tiene que ver el discurso con los actos, decís: acá hay una gran contradicción. Y esto lo veo todo el tiempo.
Por eso te digo la lucha es todo el tiempo y con uno. Uno tiene tiempo para poder darles a los demás lo que, por lo menos, aprendió desde su crecimiento.
Si hacés un análisis de la sociedad, ves gente que está suelta y que está buscándose y buscando; y no encontrando y no sabiendo que hacer con su vida. No sabiendo dónde es plenamente feliz o encuentra momentos de esa felicidad de la que hablábamos nosotros, de las pequeñas cosas, esas cosas chiquitas.
Esto lleva invariablemente, y esto no es fatalismo, a la soledad. Cuando uno empieza a poder estar solo y puede escucharse y trabajar eso, la vida cambia muchísimo, y necesariamente cambian tus relaciones con todo y con todos.
¿Qué autores considerás que han influido más en la construcción de tu estética?
Algunos de mis referentes más notorios son: Vastangov, Grotowski, Artaud, Kantor, Barba y Levi-Strauss. También están los que me enseñan cotidianamente, crezco con ellos y me despiertan una sonrisa interna y me hacen, o me han hecho, feliz: entre otros Liliana Herrero, Rodolfo Mederos, Lito Vitale, Nacho Brizuela, etc.
¿Estás trabajando en algo nuevo?
Descansando o durmiendo me va a asaltar algo esencial, no formal; estoy esperando que llegue ese momento. No debo hacer algo porque deba hacerlo, es como una gestación; lo más duro y bello que uno puede tener, te inunda, te sobrepasa. Surge esa magia que no tiene que ver con el trabajo intelectual sino con que aparece algo que me hace feliz.

