Djembé
Tambor sagrado
La música africana está en la vida misma, todo sonido tiene un significado y los significados son divinos. Si no conocemos el significado de algo, difícilmente podamos captar su esencia.
El djembé (también llamado yembe, jenbe y sanbanyi) es conocido como el tambor curativo por su gran poder, y habitualmente se usaba en los ritos sagrados, nacimientos, bodas, funerales, ceremonias guerreras, acompañado de otros instrumentos como el dun dun, el balafón o el shekere.
Es un antiguo tambor tradicional, del que no hay una historia escrita sino sólo tradiciones orales, como es habitual en el África Subsahariana Occidental, en varios de cuyos países se lo encuentra.
Si bien se recuerda que se originó en la región de Mande, actual Malí, cerca del año 900 a.c, desde allí el djembé emigró a otras zonas como las actuales Senegal, Nigeria, Guinea, Costa de Marfil y Burkina Faso. Se cree que fue creado por los Numu, artesanos talladores de la madera, que eran considerados los guardianes de ciertos poderes. Ellos se encargaban de esculpir el cuerpo de los djembés y de tocarlos. Fabricaban las máscaras Komo que eran los emblemas de la sociedad secreta que lideraban. Ellos realizaban también las circuncisiones y ablaciones, marcando un paso a la edad adulta. Las migraciones de estos supusieron la expansión del instrumento. La primera expansión se debió a la tribu Diola, que eran tradicionales comerciantes y grandes viajeros.
Mucho más recientemente, en 1950, el djembé fue recién conocido en Occidente gracias a la gira que realizaron Les Ballets Africans del guineano Fobeda Keita. Este grupo tuvo una gran influencia en que el instrumento se conociera más allá de sus fronteras tradicionales. En la actualidad, es muy popular en Europa y en América. En el oeste de África hay djemberos muy famosos como el propio Keita, Camara y Konate (ver la nota Famoudou Konaté: La música debe estar completamente dentro de la experiencia física, en la sección Entrevista).
Los tambores africanos se fabrican según conocimientos y técnicas tradicionales que se transmiten de una generación a otra en forma práctica y verbal. Los diferentes efectos y notas se obtienen según la posición de los dedos y las palmas; sólo se puede tocar con las manos, nunca con palos u otros objetos.
En general son fabricados por músicos, ya que sólo ellos pueden darle el alma que necesitan para sonar bien.
Los ritmos originarios del Djembé han ido cambiando a lo largo del tiempo, integrándose con otros tipos de música. Tradicionalmente solo eran tocados por los griots, personas especiales que pertenecían a la familia de músicos, historiadores y conservadores de la historia no escrita de un pueblo (véase el artículo Griots: la historia a través de la música, en nuestra sección Lo afro).
El djembé tiene diferentes ritmos, muy variados: el Mandiany, que se tocaba en trabajos agrícolas; el Dounumba, que acompañaba la celebración de las bodas, el Wolosodon, que se toca en bautizos y en las ceremonias de circuncisión. La forma en que ritmos como el Sunu o el Dounumba se han transmitido de generación a generación durante siglos, ha sido mediante el sistema silábico y vocal de las lenguas africanas. Los maestros cantaban los ritmos a sus alumnos y éstos los practicaban.
En relación al material de fabricación, antes, se hacían sólo de madera de ébano, ahora se hacen con el tronco del árbol de mango, con su parche de cuero de cabra a la que se le quita los pelos. A algunos instrumentos se les colocan hojas de metal en los bordes, con perforaciones en los que se colocan aros metálicos para que resuenen cuando se golpea el parche.
Tradicionalmente los djembés tienen treinta centímetros de diámetro, con variaciones en más o menos de entre dos y hasta seis centímetros. Los hay de dos tipos: tradicionales, hechos de manera artesanal con madera y piel generalmente de cabra, y los modernos, que pueden estar hechos de madera y piel natural, o fibra y piel sintética.
Las melodías suelen ser repetitivas en su sonido básico inicial, sobre el que se suceden poliritmos y polifonías más complejos, con gran sentido de la improvisación. Una de sus características es el canto coral y el canto de llamada o rasponsorial, en el que el solista es permanentemente contestado por el grupo.
Todos los ritos religiosos, los ciclos vitales, los trabajos agrícolas están impregnados de cantos y ritmos para cada ocasión. Cada uno requiere una íntima ligazón con la danza y el canto, son ritos propios de la comunidad, que identifican a cada etnia.
La importancia del djembé en la preservación de la memoria trasciende la belleza de sus sonidos.

